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Días de lluvia, lodo sobre los caminos. Reviven hierbas. Noche cálida. Blanca lechuza quieta sobre la rama. Vuelan gorriones picoteando larvas sobre el maizal. Cruza el campo el asustado zorro. Huida rauda. Las golondrinas diseñan círculos en la lejanía.  
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Las blancas nubes colmadas en el azul. Figuras níveas. Aguas abajo entre las rocas, el frío manantial. Mudo el ave duerme quieto sueño en su nido gris.
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  Rasga el cielo rayo de fuego tras el horizonte. Noche pampeana. Rancho iluminado dibuja sueños. Retumban truenos. Huye la culebra velozmente. Cae del nido ansiando volar solo. Primer intento. Amanece. El gallo despierta, sacude su roja cresta.

La verdad

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Había llegado a las montañas seguro de encontrar su lugar en ellas. Nada fue como lo previera. En lo más recóndito de su ser lo sabía, siempre lo supo, aunque no quiso saberlo. Cerrados los oídos, apretados los párpados, ni siquiera un mínimo destello de tal verdad lo atravesaba, aunque allí estaba. Pese al sobrehumano esfuerzo, la verdad se revelaba nítida, segura, inefable. ¿Quién podía obviarla? Nadie, menos que nadie, él. Tan clara era que hasta otros supieron verla. En su interior construyó casi una leyenda, una historia tan diferente que de puro diferente se perdía en los abismos inciertos de los reproches propios y ajenos. Mudos reproches adueñándose de sus días y de sus noches. Su conciencia los dictaba, su corazón los guardaba. Durante semanas las montañas desaparecieron tras la ficticia niebla de polvo acumulado, sofocante, esparcido por el viento norte hasta ocultar sus laderas elevadas. Tal como desaparecía en él la realidad que sus propios vientos negaban. Mucho tiempo tar...

Hogar

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Vuelas alto ave, vuelas alto y más alto pequeño hornero, buscando cobijo en tu nido que más parece hogar de diestro orfebre que talla su oro para la amada y su prole. Tu nido de barro y paja será fuerte y cálido, encerrará pequeños huéspedes que piaran lastimeros, porfiados, exigiendo su alimento. Trinarán a su tiempo, a su tiempo volarán, a su tiempo serán concienzudos constructores de otros nidos de fango y hojarasca, donde crecerán retoños libres como el viento que los mecerá en el alto cielo dorado, en soleadas mañanitas. Hornero, tú lo sabes, tú conoces nuestro hermoso secreto, ese, hornero habilidoso, que tus alas llevarán lejos, muy lejos. Allá, donde mora el silencio.

Luciérnaga

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A Ignacio Luciérnaga El ángel de tu sonrisa todo lo encendió. Luces de vivos colores iluminaron el entorno. Luciérnagas relumbraron en la noche. La pequeña araña tejió telas de plata. Las rutilantes estrellas guiñaron cómplices reflejos. El sol amaneció oro entre encarnadas nubes. El río movilizó alegres sombras acariciando orillas. Fuiste alivio en los pesares, gozo recuperado. Abrigo en el desamparo. Esperanza fortalecida, ensueños cumplidos. Tu inocente sonrisa trastocó designios. Renovó olvidados bríos. Naciste, creciste, encandilados pases, deslumbrante magia. Tus admirados ojos reflejaron cielo. ¿Qué nuevos rumbos no hallar en ellos? ¿Cuáles maravillas no descubrir en el candor de tu riente mirada? Perderse en ella en busca del remoto ser que habitó alguna vez, en determinado tiempo. Reencontrarse en ella, a través de ella, asombro renacido, esencia prístina. Niño, el ángel de tu sonrisa todo lo encendió, todo lo modificó, todo, una vez más, fue restablecido.
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 Calla el ave duerme su quieto sueño en su nido gris. Fluye el agua entre dispares rocas frío manantial. Las blancas nubes disgregan henchidas figuras níveas. Volaron raudos hacia cálidas tierras batiendo alas.

Naturaleza

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Aún me queda la esperanza del mañana fructífero en largos despertares. Despertar de la tierra amodorrada, portentoso bostezo de las entrañas profundas de la revuelta mar. Despertar del soleado amanecer tras el persistente soplido del pampero, acuciante enemigo de huidizas neblinas. Reverberar primigenio de la naturaleza anticipando retoños, tímidos cantos, perezosos rugidos, breves sacudidas de pequeñas alas. Gorjeo altanero, alertando agudo, conminando a abandonar refugios. Sonrojado alborear. Avanza la mañana, despierta la vida al encanto cotidiano, al renacer perpetuo. Entrega mansa, oportuna. Renovada, prodigiosa esperanza.
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Extraña noche Sin luna ni estrellas Atraes quietud Crece la llama chisporrotean brillos abrigándonos. Ríen los niños su risa inocente clara y feliz. Cierro el libro de marchitadas hojas amarillentas. En la casona habitan los recuerdos plenos de vida.
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Emigran golondrinas anhelan calidez, cielos azules. Retrocede la tarde entrega ardor al cercano atardecer.

Invierno

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Este invierno te pienso. Te extraño. Te necesito para las otras estaciones del año. Si bien fue mío el decidir alejarme de lo soñado, también fue mía la soledad que atrajo el camino de la perdida. Y mía la voluntad férrea de no querer recuperarte. Acaso serán mías las consecuencias que sin duda de todo ello derive. Mía será la fortaleza, el andar erguido, perseverante. Mía la nostalgia, la tozudez, el equilibrio verdadero. Mía la sonrisa amplia, segura del hoy, del después indefinido, del triunfo alcanzado. El transcurrido invierno templará las siguientes estaciones del año, que no serán más que renovadas estaciones pródigas del alma. Estaciones del ser ilimitado.

Regalos

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A mis hijos Juan y Marita Regalos Ese regalo tuyo, deseado, esperado, soñado consuelo, henchida alegría. Atravesó audaces horas, recorrió juveniles etapas, enigmáticos instantes. No contaban el otro o los otros. No contaba el no ser o ser. Nada contaba la edad ni la premura. Importaba soñar despierta o dormida. Importaba abrir los brazos para recibirte. Extender el vientre para darte cabida, para dejarte crecer, para ayudarte a llegar, impulsarte a vivir. No fuiste el único regalo, dos, inmerecidos, fueron. Dos verdades entregadas, primero una, otra no mucho después. Dos vidas otorgadas por el Creador paciente. Dos vidas confiadas, a quien, como yo, tuvo la osadía de soñarlas, amarlas, más allá, mucho más allá, de mi propia soñada existencia.

Revelación

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¿Acaso no fue escaparle al destino? Noche incierta, inquieto sueño, revueltas sábanas azules. Amanecer morado descubriendo horas tempranas, inusuales. Pesadez en los párpados, la mirada descreída, posada sobre los cristales velados tenuemente por la blanca tela. Revelación inesperada. Vaivén temprano de la tupida rama del manzano, signo singular prematuro, despedida anticipada. Despedida en mí, silenciosa, atesorada, nacida de las palabras abruptas del decidor oscuro. Revelado futuro. Escaparle al destino.
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  Mañanita gris, cae la mansa llovizna sobre el ardor inesperado. Camino rumbos desconocidos, recorro tiempos vanos. Voy andando pausadamente, soñado terso cielo, alumbran risueñas edades. Vuelvo al hogar. Decidir vida, elegir vida, siempre. Amar vida hoy. Ser fruto y molienda, canto y oración, energía vital ilimitada. Vida. Hoy.

San Telmo

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Iluminada noche, farolas destellan amarillentas luces en las viejas calles, amalgamado caserío. Enseñoreadas paredes, pretendidamente embellecidas, trazos coloridos recordando tiempos de candombe. Esquinas de íntimos encuentros. Refugio de hambrientos intelectuales, anochecidos caminantes. Acre olor de sus veredas, pringoso olor, fruto del deambular descuidado, del que no sabe ni quiere saber, que cada rincón de su barrio le es propio, como propio es su lecho. San Telmo. Bolívar y Brasil. Casona de altos techos, columnata erguida, escalinata, galería. A contados metros el Lezama. Allí, entre los brazos de mi madre y el amoroso pecho de mi padre, estrené vida, aferrada a sus tibias manos inauguré inseguros pasos. San Telmo. Mi viejo barrio, orlado de glorias desvanecidas, resucitado en renovados callejones. Eres esto y mucho más.

Conjuro

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A Petra Presentía el llamado. Conjuro de la naturaleza toda. Elevada, celeste armonía del cambiante cielo. Inmensidad sobrecogedora. Abismos ahuecados en la misteriosa cordillera. Sol. Derrocha tonalidades en sus laderas, alumbra espejismos, resplandece en blancas eternidades. Colinas sinuosas de verdor rizado, surcadas por arroyos pedregosos. Salmodia de cantares cristalinos. Ondulada campiña madura, campechana. Infinitas llanuras delinean horizontes transmutados. Erecta meseta desplomada sobre arenas parduzcas. Mar sureño irritado, golpea peñascos, incapaz de enmudecer el grito espantado de numerosas aves, de interrumpir sus multicolores vuelos raudos alertando sensibilidades. Montañas, bosques, valles, ríos, cielo inefable. Vida cambiante, silvestre, conjuro inefable. Vida.
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  Si te hablaran de mi... ¿qué dirían? Todo y nada. No importa que afirmen. No importa que insinúen. Sólo importa escuchar aquello que mi corazón guarde. Importan los pensamientos libres, los sentimientos profundos. El abrazo sincero. Soy lo que soy, Aquello que no se bien qué soy. Vuelo rauda entre montañas y mar. Cabalgo ríos serpenteantes, anchos desiertos. Atravieso verdes valles, fértiles llanuras. El horizonte no me pertenece, hacia él voy como el viento cálido del norte. Comparto escritos, palabras sentidas, afectos. De nadie soy acreedora. Del Creador, deudora. Quien conozca mis rincones, mis anhelos, mis goces, podrá decir que me conoce. Y, eso, eso... ¿quién lo sabe? Si te hablaran de mí, todo y nada asegurar sabrían. Todo y nada.

Patria

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A Javier Patria ¡Que te han hecho Patria mía! Madre de brazos abiertos, donadora de tierras fértiles, de frutos entregados a quienes supieron cosecharlos. Engendradora de hijos sabios que recorrieron y recorren países lejanos, demostrando a quienes quisieran y quieran ver aquello que saben entregar los hijos de tu tierra, aquellos que igualaron tu generosidad sin fronteras. Engendradora de bienes abundantes. Señora de América toda, Señora del Mundo Creado. ¿Qué te han hecho Patria? ¿Por qué tus senos no fructificaron? ¿Por qué tu vientre no da frutos? ¿Por qué, Madre, Patria, hoy tus hijos gimen hambreados, sin consuelo, sin rumbo? Patria, cercenaron tus caminos, desangraron vidas, asolaron almas. Pero no será siempre así, Patria. Tus entrañas son fuertes, tus brazos poderosos. Resurgirás en el amanecer de nuevos tiempos, volverás a ser lo que fuiste liberadora de Mayo. Y tu vientre parirá frutos nuevos, frutos sanos, frutos que te abrazaran como nadie te ha abrazado.
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Nada me falta, nada deseo, si estás conmigo. Todo lo tengo, a todos bendigo, aunque a veces la humana fragilidad me lleve a añorar otros tiempos. De nadie me separo, a todos recibo, a todos deseo alcancen sus sueños El conoce lo que encierra mi corazón. Aquello que habita en mi conciencia. En Él mi alegría, en ÉL mi paz, mi FE. Cada uno encuentre su propia pacificación. Benditos todos, luz en sus vidas. Nada me falta, nada deseo, Si estás conmigo Señor de la Vida, todo lo tengo, todo lo elevo hasta alcanzar lo Verdadero.

Amiga

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Mañanita otoñal soleada, amaneciste poesía en mí y allí vas en diluidas palabras hacia ese nido amoroso, casita de paredes rojas, refugio de chocolate y arroz. Risas inocentes, llantos angustiosos, revuelo de gorjeos cristalinos. Pasitos inseguros, corridas arriesgadas que llevan a los primeros desaciertos, a las hazañas tempraneras. Nidito contenedor, donde tú, ángel materno, amparas sus tempranos balbuceos. Risas, lágrimas, mocos que embadurnan caritas todavía redondas, mofletudas. Corazoncitos que añoran a mamá, sus mamás, esas que descansan seguras en ti, sin advertir tu propio llanto, tu angustia escondida tras tu sonrisa generosa, tu agobio de luchas a las que alguien irreverente llamaría quijotescas, y a las que tu nombras conciencia. Conciencia nacida de tu corazón lleno de amor, ese, el que donas a manos limpias, sin que te importe tu dolor, ni los oscuros riesgos, ni envidias ajenas. A ese paraíso infantil me invitaste. En él entré quizás profana, indigna de tanto afecto, de ...
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Dorado árbol desnudo y dormido aún alumbras. Huelen a hierba y a noche húmeda la tierra y tú. Azul celeste cielo embanderado Patria de fiesta.
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  Hay un ocaso en el devenir azul del horizonte. Regar, esparcir, cosechar dulces frutos, sabores añorados. Ignotos rumbos recorre el arroyo tras albas sendas. La música, encanto revelado, íntimo goce. Hallar mágicos sonidos en la siesta. Revivir en ellos. La lluvia huyó dejando frías huellas sol entibiando riberas. Resiste el invierno. Avanza la tibieza florecida. 
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Esa mancha de humedad dibuja rondas, sueños no alcanzados, imaginación arrebatada. Sentimientos encontrados. Mil y una posibles imágenes. Aquellas que nos permitimos trazar en nuestros pensamientos, en nuestros frágiles encuentros con etéreas ficciones. Las que quisiéramos alcanzar con el alma erigida en mil divagados rumbos, añoradas, incontables fantasías.  

Ser

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  Si tuviera yo el coraje de andar sin tumbos, sin remordimientos. Sin culpas, sin otros sentires que aquellos que llevo a cuestas. Andar, andar, andar. Ser lo que quise ser, más allá de lo que otros quisieron fuera. Mucho más de lo que alguien creyera ver sin ver. Salir al encuentro de las maravillas soñadas, de los entuertos sabidos. Remontar sendas riesgosas, aventuradas nostalgias. Reconocer alegrías perdidas. Sanar tristezas ocultas en algún rincón del no quiero, no puedo, no soy. Liberar el sin sentido, la sinrazón, los desencantados días, las desveladas noches. Resurgir, alcanzar horizontes remotos, luminosos, imbuidos de tal luz que me perdiera en ellos. Destronar, vencer aquello que no es propio, aquello que no representa ni identifica, la peculiar esencia. Lograr lo no logrado, tenaz en la búsqueda. Gozar del reencuentro. Saber mansamente que, con premiado esfuerzo, se reedificó el rumbo, el todo. Ser, por fin, uno mismo.
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  Te encontré, maestra, amiga, inmerecido don otorgado atemperando vida. Regar la apacible siembra de la amistad agasajada. Dominar ira, torrente enfurecido, ante injusticias desbandadas. Sabia, humilde sabiduría, de aquél que sabe que saber es nada.

Saber

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¿Alguien sabe a ciencia cierta, qué es la belleza? El corazón henchido explota al encontrarse con ella. Arte, ciencia, naturaleza cambiante, viva. Sonidos, colores, imágenes, discurren dando sentido a lo Creado, conducidos de la mano por quienes atraviesan la total infinitud, cabalgando estrellas. Arte, ciencia, naturaleza, vida. Elegir es sentirse incompleto, inevitable adolecer del resto. Definirla, tarea ciclópea. Sus facetas, inagotables. No existe una sola forma de vislumbrarla, existen tantas como seres remontan la existencia plena. Nos detenemos ante lo sublime, ante aquello que es manantial inagotable de múltiples delirios. Aquello que nos conduce hacia la plenitud del alma, hacia tal levedad interior que creemos volar desplegadas las transparentes alas de nuestros exaltados sentimientos. Arte, ciencia, entera naturaleza, vida. Ilimitado don del Amoroso Hacedor revelado.
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Si mi almohada te contara... ¿Que? ¿Los torbellinos de mis pensamientos? Las esperanzas reconstruidas mil veces desvanecidas... Las mañanas sin respuestas. Las innumerables, desilusionadas horas. La ausencia de deseados bienes. Contarte. ¿Qué?

Ciclos

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Lo supe desde siempre. Que nada es lo que parece. Que el Universo fue creado fuego, piedra, lumbre, oscuridad. Infinitas mutaciones, transformaciones centelleantes, despojados ciclos. Desandar de abundantes manantiales. De desbastadoras sequías. De hielos invasores. Mucho después, energías vehementes transformaron confusión en vital aliento. Y fuiste renovada vida.
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  ¿Por cuáles caminos deambula lo que fue, es y será? ¿Dónde salir a su encuentro? Aquí, allá, más allá. Tal vez, no sé.