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Mostrando las entradas de febrero, 2026

Irrefutable

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  Esa fotografía tuya en medio de la campiña, habla de ti. Los colores engañosos del atardecer desamparan tu sonrisa, descubren la línea que divide tu frente y oculta pensamientos codiciosos; arrebatos que fluyen a través del genio de tu sangre y esa hombría proclamada que demuestra firmeza dudosa y evidencia hacia dónde diriges tus pasos. Insinúan tu ser concupiscente, el que aflora en tu mirada, en tus sueños clandestinos; nada más que tuyos. Ensoñaciones destinadas a quién sabe qué delirio que sólo tú conoces. Tal vez, denigren ese bienestar que crees cernido sobre tus horas irreprochables. No te percatas de nada ni de nadie; continúas tu camino, sin reconocerte ni reconocer los abismos que te rodean. Eres porque eres; nada más eres.

Sueños soñados

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  La acompañaban pensamientos azules. Vibraban cuando andaba las calles de su luna interior, las que destellaban hasta atrapar su espíritu y colgarlo de las ilusiones que se empeñaba en no perder; esa especie de extremos que acariciaban lindes de ingenuidad. Ella era así, incoherente, emotiva y crédula. No se convencía que la perfección no le pertenecía a este planeta que giraba y giraba, sostenía bienes, males, simbiosis especial de fuego y agua; obstinada reconstrucción de sí mismo. Ella soñaba con paraísos perdidos, providencias repartidas por igual entre quienes anidaban en su superficie, bella y caótica. Soñaba con la sonrisa elevada a tiempo, sanadora. El abrazo que arrasara soledades, la paz que acortara distancias, derrumbara prejuicios. Lo inadmisible habitaba en ella. Retrocedía en el tiempo y rememoraba ancestrales gigantes patagónicos. Vagaba entre los sabios griegos. La acogía la mítica Britania. Bordeaba las aguas del Nilo y sus faraónicos dioses. Se interna...

Presencias encantadas

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  Dos hermanas. Formaban parte de un total de siete hermanos entre otros no nacidos. Quizás, sumaran diez, quizás. De eso en aquellas sinuosidades del ayer, nada se decía; a veces se murmuraba. Para los más pequeños, mucho era lo vedado, había que preservarlos y de tanto preservar inocencias alboreaban malicias. Los siete eran hijos de aquel tío paterno, hermano de la abuela; quien fuera por elección, al llegar a esta tierra que los albergara, padre del corazón de mi padre. Así se consideraban uno al otro, padre e hijo, fundados en realidades concretas. Casa de portales abiertos, aunque mediaban condiciones férreas si se deseaba trasponerlas. Quien lo hiciera, debía reconocer que entraba al ámbito protegido donde la vida se vivía a fondo desde la sencillez, no siempre fácil. El tío paterno perdió a su mujer en plena juventud. En consecuencia, los siete hermanos perdieron a su madre en una época en la cual las decisiones y responsabilidades, incluían no sólo a los adultos, s...