A mis hijos Juan y Marita Regalos Ese regalo tuyo, deseado, esperado, soñado consuelo, henchida alegría. Atravesó audaces horas, recorrió juveniles etapas, enigmáticos instantes. No contaban el otro o los otros. No contaba el no ser o ser. Nada contaba la edad ni la premura. Importaba soñar despierta o dormida. Importaba abrir los brazos para recibirte. Extender el vientre para darte cabida, para dejarte crecer, para ayudarte a llegar, impulsarte a vivir. No fuiste el único regalo, dos, inmerecidos, fueron. Dos verdades entregadas, primero una, otra no mucho después. Dos vidas otorgadas por el Creador paciente. Dos vidas confiadas, a quien, como yo, tuvo la osadía de soñarlas, amarlas, más allá, mucho más allá, de mi propia soñada existencia.