Ingenuo desvario
Caminaba tranquila, respiraba los aires salobres que atrapaban su sonrisa destinada al viento. La playa extensa envuelta en los sonidos del oleaje sereno.
De pronto corría, de pronto se detenía atraída por el brillo de las caracolas húmedas; las rescataba de la orilla, acariciaba las hendiduras ásperas de sal y arena. Segundos después, extendía el brazo al tiempo que daba pasos precisos y con fuerza, las devolvía al abismo de donde provenían.
Descubrió la figura del hombre sin edad, inmóvil frente al mar. Cauta, se acercó a él; hubiera querido continuar su carrera. Sin embargo, algo la incitaba a detenerse.
El volvió la cabeza; su mirada la atravesó, no se detuvo en ella, flotaba a su alrededor, la expresión helada de sus ojos la atrajeron. Le sonrió tímida, se atrevió a saludarlo. Él, apenas, devolvió el saludo. La voz sin matices la estremeció.
De pie, a corta distancia del lugar en el que el hombre parecía haberse refugiado en sí mismo, la mirada fija una vez más en el horizonte rojizo, el silencio recuperaba espacio. El mar apenas fraguaba espuma.
Ella no tenía miedo, la guiaba la inconsciencia juvenil. Sin saber por qué, se dijo que no lo abandonaría. Se le ocurrió que si le hablaba, era probable que se fastidiara. Quizás fuera preferible su fastidio que lo obligaría a reaccionar en bien o en mal, a aquel desconsuelo pétreo.
Él murmuró un par de palabras confusas. Ella principió el monólogo que poco a poco, se extinguió. Cierta pesadumbre, de pronto instalada en ella, la refugió en sus propios pensamientos. Inexperiencia, impotencia, le demostró la inutilidad de una actitud que supuso heroica y sólo generó mayor silencio. Debía marcharse, seguir su camino; dio los primeros pasos y se detuvo.
Lo observó erguir los hombros, trastabillar al andar, tropezar, detenerse, como si sus fuerzas menguaran y dudara del camino a seguir. Empero cierta fortaleza interior lo impulsó a continuar. Vadeaba la orilla con los pies calzados, ignorándola; ella no existía para él.
Lo siguió, lo alcanzó. Él era un desconocido y a pesar de ello, intuía que necesitaba ser rescatado y en ese lugar sólo estaba ella, no había a quien acudir, debía intentarlo. Confiaba en que su presencia quieta y a determinada distancia, bastara. Aquel hombre lidiaba con resoluciones extremas y ella a pesar de su inexperiencia, las presentía.
Él chapaleaba sobre la espuma blanquecina. Sin que ella lo advirtiera a tiempo, perdida como se hallaba en sus propios sentimientos, la mirada vuelta hacia la gaviota que pasó rauda, acompañada del grito alertador, no atinó a detener al hombre que se alejaba mar adentro. Ella, inmóvil frente a la orilla, asustada e impotente, no lo seguiría, lo esperaría, él regresaría. El poder de su mente, su presencia firme, habrían de rescatarlo, de guiarlo de regreso.
Y hubo un después.
Lo contempló retroceder hacia la costa, resurgir con las ropas chorreando sales y algas, en los ojos el reflejo inexplicable que su corta vida, le impedía dilucidar. El rostro del hombre adquiría tonalidades que el atardecer le regalaba, no la miraba. Ella no conocía todavía la imagen de la muerte, pero estaba convencida que el hombre había resucitado; no pudo apartar sus ojos de él y permaneció inmóvil, observando sus gestos. Ella dejó de percibir los singulares mensajes. Él, lento, muy lento, empapado y mudo, se marchó. Dejaba tras de sí la aceptación apenas insinuada.
Ella temblaba, lloró aturdida; desconsuelo, pena, alivio, fueron la recompensa.
Entre lágrimas, a lo lejos, el punto oscuro que aún revelaba su presencia hasta desaparecer tragado por el horizonte de arena y cielo. La costa desierta, rumorosa.
Quizás la traicionara su imaginación y aquel encuentro no había sido real, sino el fantasma urdido por imaginación incauta. Extrañaba a las gaviotas, los graznidos acuciantes la acompañaban.
El sol arrebolado atravesó nubes níveas.

Me atrapó el relato, el final me llevó al título. Emocionante, y simple, como la protagonista.
ResponderBorrarGracias Nelly! Abrazo
Gracias Susi por estar. Abrazo. Nelly
ResponderBorrarSi si, atrapante y conmovedor. Y esa plata y ese mar...
ResponderBorrarGracias Nelly
Quise escribir "esa playa"
ResponderBorrarSiempre estarán en mi corazón. Sin duda forman parte de mi vida. Gracias a vos por estar. Abrazo. Nelly
ResponderBorrarHola querida Nelly ! Hermoso como todo lo que escribís. Es muy intrigante y sugerente . Me encantó! Abrazo grande
ResponderBorrarGracias Soledad. Abrazo grande también para vos. Neellu
ResponderBorrarDisculpa el error en mi nombre. Abrazo. Nelly
ResponderBorrarGracias Tita por tus palabras siempre tan estimulantes! Abrazos desde la Patagonia. El Mauri
ResponderBorrarGracias Mauri por estar y alentar. Abrazo. Nelly
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