Presencias encantadas
Dos hermanas. Formaban parte de un total de siete hermanos entre otros no nacidos. Quizás, sumaran diez, quizás. De eso en aquellas sinuosidades del ayer, nada se decía; a veces se murmuraba. Para los más pequeños, mucho era lo vedado, había que preservarlos y de tanto preservar inocencias alboreaban malicias. Los siete eran hijos de aquel tío paterno, hermano de la abuela; quien fuera por elección, al llegar a esta tierra que los albergara, padre del corazón de mi padre. Así se consideraban uno al otro, padre e hijo, fundados en realidades concretas. Casa de portales abiertos, aunque mediaban condiciones férreas si se deseaba trasponerlas. Quien lo hiciera, debía reconocer que entraba al ámbito protegido donde la vida se vivía a fondo desde la sencillez, no siempre fácil. El tío paterno perdió a su mujer en plena juventud. En consecuencia, los siete hermanos perdieron a su madre en una época en la cual las decisiones y responsabilidades, incluían no sólo a los adultos, s...