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Erase una vez un sueño

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  Existo. Soy el monstruo de las cosquillas. Nací en el corazón de cierto niño muy amado, apodado Ini. Vivo en todas partes y de manera especial en lo profundo del monte; entre tipas, jacarandás, ceibos de rojos explosivos, palos borrachos y muchos más de los que suelo olvidar el nombre. Me divierte jugar a las escondidas entre ellos; abrazo sus troncos ásperos. En medio de tantos gigantes de verdes melenas, se halla mi refugio de adobe y paja, ventanita minúscula, único recinto de puerta abierta. En raras noches de frío, enciendo el hogar que ahúma paredes; consumo la leña que cae vencida y recojo en los alrededores generosos. Río la risa de los vientos alegres, los que mecen a los niños y a mi niño del decir confuso y la risa clara. Soy el monstruo que mucho tiene de secretos inventados, de acuerdo a la imaginación de mi niño, de lo que él quiere que sea. Ellos, los niños y mi niño, me convocan. Anuncian mi presencia, la sonrisa anticipada, apenas contenidos por las m...

Taberna

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Particular significado. Repicaba en su corazón joven. A sus diecisiete años cruzó la inmensidad que señalaba horizontes. Escapaba de la jaula en que se convirtiera su hogar; escapaba de su padre. Dolían, dolerían siempre en él, cada lágrima de su madre. Como tantas mujeres de su época, sometía su voluntad a la del marido, aceptaba silenciosa el alejamiento de su hijo hacia otros horizontes. Los recuerdos avanzaban en él. La taberna, agridulce olor del vino obtenido de las viñas maduras cultivadas en campos adquiridos por su padre, dueño de bienes y caprichos, hoy desaparecida, fue testigo de su rebelión. Desde niño comprendió que   la actitud de aquel hombre al que llamaba padre, era injusta y opresora, hacia él de modo particular y hacia su entorno, engañosa, persuasiva. Ahora, joven resuelto, lo sublevaba el autoritarismo despojador de bienes ganados, que conducía a la familia al servilismo, a cambio de nada y a fin de satisfacer su egoísmo y orgullo sin medida. El detonant...

Encuentro

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  Hoy era un día especial. El bienestar para él era un deseo cumplido; concreto e irrefutable. Deambulaba por la alameda. El aire claro del amanecer penetraba en cada partícula de su cuerpo, bebía su esencia. Los rayos dorados cruzaban ramas despojadas. Él había hallado la paz, había vencido a la soledad. Celebraba el encuentro consigo mismo. Cada rincón de la arboleda le daba la bienvenida. No lo vio hasta que atisbó su fina cola estremecida. Las patitas trotaban sobre la hojarasca, huía en dirección a campo abierto. Sonrió. Algo en él le inspiraba ternura. Lo llamó con la mansedumbre del que desea ser correspondido, insistía sereno, el tono de sus palabras adquiría matices tiernos. Logró detenerlo. Las orejillas temblaron, desconfiado giró la cabeza diminuta, los ojillos chispeaban. Moderó la risa, no quería asustarlo. Los separaban un par de metros; hubiera querido acortar distancias, fue prudente. La boca entreabierta extendía el fino hocico; quizás copiara su propio gest...

Efervescencia

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  Algo inusitado sucedió; algo inusitado que se repetiría a lo largo de su vida. El sonido perturbador interrumpió el silencio de la casa señorial, llegó por primera vez a mí, a esa edad en que las maravillas son pases mágicos inesperados. El piano desgranaba perlas perfectas; invadieron su niñez. Provocaron, a lo largo de sus primeros andares, de sus impresiones primeras, aquello que en lo venidero sería constante para el resto de su existencia. Durante sus andanzas inofensivas, husmeaban habitaciones junto a la amiga revoltosa, dueña de la casa y de la magia que el lugar guardaba, en el que había nacido mucho más que una amistad, la hermandad que ceñiría el futuro de ambas hasta el fin de sus días. Entonces, las horas no existían, las preguntas buscaban respuestas simples, los temores desaparecían con el abrazo materno; los juegos llevaban en andas hacia sortilegios inventados por mentes pueriles que volaban más alto y mucho más veloz que los pájaros. En la casa exist...