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El Libro

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  Voces, risas claras. Desde la planta baja llegaban hasta él. Bullicios, berrinches; los de una infancia sana y protegida. Sus hijos; dos varones y una mujer, entre los diez y seis años. Las horas del atardecer colmaban expectativas hogareñas; ayudaban a superar indiferencias ajenas, incompetencias y desacuerdos provocados por el egoísmo que primaba en las relaciones humanas del día a día. Ocupaba en la casa, la habitación apartada donde instalara su estudio, alejado de las interrupciones que fastidiaran las investigaciones que preceden a la creación, aunque no pocas veces, las necesidades familiares lo obligaban a abandonar su refugio. A pesar de todo, había logrado un buen acuerdo y hasta el presente, lo favorecía. Indagar acerca del pasado era su meta apasionada y contaba con determinado reconocimiento, nada extraordinario aunque satisfactorio. Desde hacía varias semanas reaparecían en él, las sensaciones que provocaran sus primeras lecturas, los encuentros afanosos...

Enigma

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Península lejana. Otras tierras, otros cielos. Horizonte marino; dulce lengua ancestral. Colinas boscosas en las que se destacaba el poblado que fuera principado. Sobrevivían restos del castillo; paredes, torres, almenas, en su mayor parte derruidas, custodiaban los límites de lo que hoy componía un pueblo significativo. Entre sus piedras, algunos desvelados todavía encendían hogueras. Al amparo de las estrellas convocaban fantasmas. Danzantes príncipes ceñían cinturas principescas, duendes escondidos arrollaban ensueños; iluminados señores guiaban ejércitos. El pasado señorial, al son de laudes y cantares, transcripto al presente, hechizado por guitarras memoriosas. Discurría la segunda década del siglo veinte, años de posguerra. Las casonas conservaban estilos heredados y abrían portales sobre las callejas estrechas que ascendían o descendían según designios. Él pertenecía a una de las familias que conservaban el orgullo de estirpe. Buena parte del caserío, había sido reconst...

Innegable

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  De allí soy, de allí vengo. Desde la llanura pampeana transformada en caótica urbe, a veces expectante, generosa, por demás incierta, dura, portentosa en bienes. Atractivos palacios, legados de otras tierras. Torres edilicias modernas. Enjoyados escaparates ofrecen lo inalcanzable para la mayoría laboriosa que recorre sus calles. Gran metrópoli encubridora de pobrezas a los pies de magníficas construcciones centenarias rodeadas de recovas sucias que albergan miserias humanas nocturnas, cobijadas debajo de cartones húmedos, amparados en rincones malolientes a causa de los orines esparcidos. Humana degradación que forma parte de esa singular mezcla, opulencia que atrae, indigencia que repele. Puerto abierto al mundo. Desciendo a orillas del Plata, río leonino que ondea hacia el horizonte o regresa en pos de orillas arenosas, según entonados vientos. Huyo de aquello que no puedo modificar, aceptar. Avanzo hacia los colosos norteños, dormidos entre brumas; despiertos por los aires...