El Libro
Voces, risas claras. Desde la planta baja llegaban hasta él. Bullicios, berrinches; los de una infancia sana y protegida. Sus hijos; dos varones y una mujer, entre los diez y seis años. Las horas del atardecer colmaban expectativas hogareñas; ayudaban a superar indiferencias ajenas, incompetencias y desacuerdos provocados por el egoísmo que primaba en las relaciones humanas del día a día. Ocupaba en la casa, la habitación apartada donde instalara su estudio, alejado de las interrupciones que fastidiaran las investigaciones que preceden a la creación, aunque no pocas veces, las necesidades familiares lo obligaban a abandonar su refugio. A pesar de todo, había logrado un buen acuerdo y hasta el presente, lo favorecía. Indagar acerca del pasado era su meta apasionada y contaba con determinado reconocimiento, nada extraordinario aunque satisfactorio. Desde hacía varias semanas reaparecían en él, las sensaciones que provocaran sus primeras lecturas, los encuentros afanosos...