Lo escuchó. No lo vio. Algo, leve, muy leve, suspiro apenas audible, surgió de su sonrisa. Rumores de frágiles alas, sutiles magias interiores. Entonces, el Cosmos, astros rutilantes, fueron adyacente armonía.
Vagaba entre álamos veraniegos. La bruma espesaba el aire, tragaba la fronda madura. El resquicio celeste guiñaba al final de la senda. No daba pasos, se elevaba por la magia de los pensamientos. Las nubes densas lo recibieron. Sin embargo, la claridad azul permaneció inalcanzable. El arco de eternos colores trazó el semicírculo a cuyos extremos se escondían tesoros.
Escribir el poema, Acariciar la perfección del sentido de las palabras prontas al milagro de emerger. Intentar desentrañar esperanzas pobladas de ensueños. Gritar desazones que transiten letras enroscadas a interiores confusos. Hallará el poeta luces en la oscuridad. Abarcará la humana condición, la magia que la vida otorgue al engendrado ser que es. Magia que el Hado Hacedor a manos llenas entregue a los nimbados de sol. A los pocos que develen empeños, esencia deletreen, música canten. Poemas revelen que sentido tendrán si el poeta sentido quiera otorgarle al sentido que en el sentido halló.