Decidores
Escribimos, escribimos, escribimos. Acaso una novela, pero de nada somos autores. Escribimos las fantasías que nos induce a relatar nuestra imaginación. Las trampas de los juegos inventados, las de suponer que somos creadores, hábiles inventores de lo nuevo; de nada. Cuando en realidad sólo revivimos lo vivido. Cuando en realidad apenas sabemos contar algo de lo nuestro, de otros. Copiar soledades, frustraciones, éxitos y lo hacemos en aquello que llamamos tercera persona o en las que sean. Siendo que, al fin y al cabo, somos nada más y nada menos, que nosotros mismos detrás de nuestras visiones, certezas, incertidumbres, con las cuales llenamos páginas y más páginas de locuras poéticas. Sólo somos nosotros y los otros, los que caminaron y caminan a nuestra vera. Ciudadanos universales. Al escribir la novela de nuestra existencia nos transformamos en decidores sublimes o mediocres, de realidades o irrealidades propias, ajenas. Tal es lo que revelan cada una d...