Pinceladas desteñidas
Calles del gran no sé qué.
Aquellas que alguien describió como acuarelas porteñas.
Calles en las que hoy no viven arboledas extensas ni existen quintas rodeando casonas en las cuales refugiarse. Donde el reposo, la seguridad, ya fue.
Calles. Esas que ahora recorremos sumidas en la mugre, las que copiaron lo peor de la urbe cercana.
Calles del gran no sé qué.
Donde los orines y algo más, embadurnan nuestros pies, nuestras almas. Desde donde es imposible levantar vuelo hacia el sol sin correr el riesgo de resbalar en aquello que daré en llamar excrementos, por ese afán inútil de querer cuidar un idioma rico por excelencia.
Sin embargo, hoy, con justificada bronca, me permitiré nombrar sin hacerlo del todo, por ese otro afán mucho más inútil todavía de conservar determinados pruritos incorporados en la infancia. Y aquí va: “m…”.
Me resisto a usar el bastardeado modernismo o posmodernismo o todos los “ismos”, para justificar también yo, los cambios supuestamente necesarios, en esta cultura del individualismo a ultranza.
Calles donde los aguafuertes del hoy pintan pandemias previsibles, evitables, si el abandono destructivo de los bípedos no fuera superior al de los cuadrúpedos.
Calles donde ilusos inconscientes todavía creen que seguirán transitando como ayer, impunemente, a través de una triste conjunción de irresponsabilidad e idiotez.
(Homenaje a Roberto Arlt)

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