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Érase una vez un sueño

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  A Ini Érase una vez un sueño   Existo. Soy el monstruo de las cosquillas. Nací en el corazón de cierto niño muy amado. ¿Dónde vivo? En todas partes. Especialmente en el monte, entre tipas, jacarandás, ceibos de rojos explosivos, palos borrachos panzones, muchos más, algunos centenarios. Gozo entre ellos. Abrazo sin abrazar sus troncos ásperos. En medio de ellos tengo mi refugio de adobe y paja, ventanita minúscula, puerta abierta, único recinto. El hogar ahúma paredes, sólo lo enciendo en raras noches de frío; consumo las leñas que recojo cantando en los alrededores, allí donde caen vencidas. Río la risa de los vientos alegres, los que mecen a los niños, a mi niño del decir confuso, la carcajada clara. Soy un monstruo especial que mucho tiene de secretos inventados. Soy como mi niño quiere que sea. Ellos, mis niños, mi niño, me convocan. Anuncian mi llegada, la sonrisa anticipada, levemente contenidos por las manos de sus madres. Urgidos, juegan a la ronda ...
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  Inicio de lo esperado. De la noche atraída por la mañana. De peldaños trepados que acercan al infinito. De navegar oscuras aguas, abismos. De la ronda gozosa, pan y canela. Inicios. Estrenadas huellas, remozados bríos. Inaugurados sones, afectos. Inicios. Tantos, como humanos fines, como andares. Tantos. como afanosos principiemos. Tantos, como amemos reedificar, momento a momento. Inicios.
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    Odio. Palabreja que más daña a quien lo padece, que hiere a quien lo recibe. Liberarse de él, proyectar el alma hacia confines plenos. serena, rutilante. Paz. Habita en la Esencia del Universo. Desciende sobre quien la invoque. Al que dispuesto esté a acogerla, conservarla. Más allá de la íntima torpeza.

El destino

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    Agobian el calor, los olores nauseabundos. La jornada opresiva despertó en él sensaciones impensadas. El día anterior, alguien a quien conocía desde tiempo atrás supo conducirlo, a su pesar, a través de planteos que consiguieron irritarlo. Irritaba entender conciencias ocultas, justificativos huecos. Conciencias que nadan en interiores camuflados, individualismos engreídos. Cómodos con sus conquistas aunque formen parte de destrucciones. Cómodos ante el yo manipulador que escapa a lo auténtico y permite ignorar la propia ignorancia. Dudoso creer que mudarán empeños aquellos que debieran asumir sus necedades. Imaginar porvenires afortunados, airosos cambios con sólo desearlos. Acaso les permitiera seguir anhelando lo anhelado escudándose detrás del destino. Destino, que según el decir de algunos resuelve, decide en nuestras vidas. Suponer destinos como entes precisos que rigen circunstancias, alejan responsabilidades. Argumentos que suelen manosearse por conveni...