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Pinceladas desteñidas

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  Calles del gran no sé qué. Aquellas que alguien describió como acuarelas porteñas. Calles en las que hoy no alientan arboledas extensas ni existen quintas que rodean caseríos en los cuales refugiarse, en los que el reposo, la seguridad, fueron. Calles. Las que ahora recorremos sumidas en la mugre, las que copiaron lo peor de la urbe cercana. Calles del gran no sé qué. Donde los orines y algo más, embadurnan nuestros calzados, nuestras almas. Desde donde es imposible levantar vuelo hacia el sol sin correr el riesgo de resbalar en lo que no nombraré por ese afán de querer cuidar con cierta tozudez que me resisto a abandonar, un idioma rico en términos y posibilidades. Mi resistencia es fuerte y precisa. Me niego a emplear modernismos o post modernismos y todos los   “ismos” que justifican cambios negativos en esta cultura del individualismo a ultranza. Calles en las que los aguafuertes de hoy pintan pandemias previsibles, que debieran evitarse, si el abandono destr...

Signos

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  Sol tempranero; atraviesa las maderas de la ventana. El techo de la habitación destella dorados tenues. Entreabrió los párpados, reprimió el bostezo y giró la cabeza sobre la almohada. Cuatro letras enlazadas habían revuelto su vigilia. Reaparecían pensamientos dispersos. Cuatro letras que formaban la palabra clave, convocada por determinado relato que ayer leyera en aquel libro que alguien dejara sobre su escritorio. Había cerrado su jornada laboral atraído por la lectura que a veces desentrañaba misterios y otras los provocaba, se fue detrás de las páginas que pretendían no darle tregua, hasta que escapó de ellas; abandonó el libro donde lo hallara. Huyó de la lectura, de la tarea diaria. Recorrió las calles que lo separaban de su casa vacía donde nadie lo esperaba, perseguido por las frases contundentes. Cuatro letras, cuatro signos, las intuyó, desposeídas, en la mirada perturbada del alcohólico encogido en el rincón de la vieja recova. La atravesó veloz, no deseaba v...

Señora de Cuentos

Agradezco a Diana Florez y a Juan Julián González Hernández todo el afecto recibido, las bellas palabras, unidas a la música cálida y expresiva, que me envuelven en esta emoción inexpresable. Y gracias a todos por el cariño demostrado en este día especial para mí. ❤     Hoy la tinta celebra, se alzan las letras,   las musas se visten de música y fiesta, Nelly querida, señora de cuentos,   hoy tu cumpleaños: festivo momento. De pluma ágil y alma profunda,   tus frases despiertan luz en la bruma.   Narras con fuerza, con sabiduría,   tramas que danzan con poesía. La vida te escribe con dulce arte,   en páginas vivas, formas parte.   Y hoy, entre risas, café y memorias,   se brinda por ti, por tus victorias. Que el tiempo te trate con versos suaves,   y que cada año te regale claves   para seguir creando mundos enteros,   con corazón valiente y sincero. ¡Feliz c...

Sobrevivir

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  Pájaros al anochecer; revolotean, alertan, alcanzan alturas inverosímiles. Las figuras frágiles desaparecen en el atardecer encendido. De pronto, desde la nada, reaparecen, avanzan compactos hacia la curva del horizonte. Retroceden alborotados y los trinos recrudecen. Descienden, saetas vivas, hacia el gigante de melena verde desteñida, cuya altura sobresale en medio del monte; enlaza sus ramas a las de otros centinelas que conforman existencia selvática, auguran protección. Guarecidos en él, enmudecen gorjeos y aleteos. La noche avanza, promete ser dura, el viento reclama. Desde lejos el trueno previene. No tarda en desplomarse el temporal sobre la fragilidad que esconde el miedo. Muchos lograrán sobrevivir, los más fuertes, al alba, trinarán. La mañana despierta luminosa. El monte huele a hierba húmeda, purificada. Las bandadas sobrevuelan inmensidades una vez más. El universo renueva vidas.