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Singular Anochecer

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  El granizo sorpresivo golpeaba sobre el techo del dormitorio. Madrugada tormentosa. De pie, junto a la cama, sin atreverse a dar un paso, cerró los ojos. Extendió los brazos, las palmas de las manos hacia arriba. Oró silenciosa. Pensó en los que todavía caminaban por las calles a la hora de los desvelos. Cruzó por su mente aquella pareja de varones adultos de edad indefinida, que desde hacía un par de semanas se estableciera en el barrio. La mayoría de los vecinos procuraba ignorarlos, demostraba indiferencia. A unos pocos los delataba el gesto de fastidio, varios murmuraban, arriesgaban críticas audaces. Ellos habían llegado un anochecer a la hora del regreso al hogar luego de una jornada laboral, aunque ese no debía ser su caso. Sostenían un par de maletas caras, de sus hombros pendían bolsos impecables, vestían ropas costosas y el aspecto de ambos era pulcro. Todo en ellos era refinado, elegante. Su imagen, sus actitudes, no condescendía con el desamparo. Sin embargo, el...

Conquistas

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  Amanecía tibieza primaveral. El sol despojaba sombras. Somnolencia en cada una. El saludo matinal apenas audible; los bostezos interrumpían sonrisas. Tres mujeres, tres amigas, convivían en el espacio reducido y a pesar de todo, agradable; bastaba para refugiarlas del desamparo provocado por las ciudades extensas. El desayuno las unía durante un lapso breve. El tiempo justo para intercambiar confidencias, mencionar a prisa, lo poco o mucho que les esperaba a lo largo del día. El atardecer tardío volvería a reunirlas. Habían llegado a la ciudad desde poblados lejanos. Iban al encuentro del futuro idealizado, aunque ello significara separarse de sus familias, amigos, costumbres. Las guiaba una misma vocación, largas horas de estudio, ensoñaciones similares. Juntas conquistaron las fronteras del magisterio, el arte de conjurar abecedarios en bocas infantiles, sanar magulladuras, entuertos, caprichos. Coincidían en la única razón de ser. Amaban la posibilidad que cada día rep...

Nocturnal

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  Deslumbrante espesura. Follaje vigoroso corona arcaicos troncos; raíces afincadas en bosques milenarios. Luces, sombras, fuego, piedras.      Cruje la hojarasca. Mágico encuentro donde la magia es sueño y el sueño es resplandor. Agitadas criaturas rodean la lumbre, cánticos entrelazan gargantas, cuerpos festivos, corazones palpitantes callan y danzan, danzan y callan, atraen vehemencias. Retumban ecos de tambores cercanos, responden ecos distantes. La tierra toda es esencia, es música. Espectros danzarines atraviesan sones, movilizan manos mágicas, risas cristalinas.      Innúmeros diamantes destellan en los ojos rientes. La hoguera estalla, chispas multicolores envían señales.      La coreografía desata ocultos secretos, descubre hechizos, acecha al nigromante, abraza a la hechicera. No es esta noche de oscuridades, no lo es.      Duendes retozones, hadas de largos cabellos transparentes, enanos recios, elfos de señoria...

Inesperado

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  Estaba frente a lo insólito. No atinaba a defenderse. Intuía que ningún argumento avalaría la verdad, demostraría los hechos concretos. En su afán de erigirse en su propia defensora, la risa torpe escapó de su garganta. Apretó los labios, las lágrimas rodaron por el rostro, las dejó correr. A su pesar, la opresión aumentaba en el pecho. No alcanzarían reflexiones para entender lo sucedido. Haría falta mucho tiempo y quizás jamás sería suficiente, para descartar sospechas, ofensas pretendidas. Dos adultos frente a frente, dos seres que compartieran vida, sentimientos profundos y respeto. Todo se había diluido como diluidas estaban las pruebas que ella borrara, porque nunca imaginó que aquellos mensajes telefónicos podrían convertirse en testimonios que salvaran convivencias. La duda generaba desconfianza, lo compartido durante años de entrega sincera, nada valía. La duda primaba por sobre lo vivido. Bastaba una delgada cajuela luminosa, que en apariencia concertaba a unos ...