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Nocturnal

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  Deslumbrante espesura. Follaje vigoroso corona arcaicos troncos; raíces afincadas en bosques milenarios. Luces, sombras, fuego, piedras.      Cruje la hojarasca. Mágico encuentro donde la magia es sueño y el sueño es resplandor. Agitadas criaturas rodean la lumbre, cánticos entrelazan gargantas, cuerpos festivos, corazones palpitantes callan y danzan, danzan y callan, atraen vehemencias. Retumban ecos de tambores cercanos, responden ecos distantes. La tierra toda es esencia, es música. Espectros danzarines atraviesan sones, movilizan manos mágicas, risas cristalinas.      Innúmeros diamantes destellan en los ojos rientes. La hoguera estalla, chispas multicolores envían señales.      La coreografía desata ocultos secretos, descubre hechizos, acecha al nigromante, abraza a la hechicera. No es esta noche de oscuridades, no lo es.      Duendes retozones, hadas de largos cabellos transparentes, enanos recios, elfos de señoria...

Inesperado

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  Estaba frente a lo insólito. No atinaba a defenderse. Intuía que ningún argumento avalaría la verdad, demostraría los hechos concretos. En su afán de erigirse en su propia defensora, la risa torpe escapó de su garganta. Apretó los labios, las lágrimas rodaron por el rostro, las dejó correr. A su pesar, la opresión aumentaba en el pecho. No alcanzarían reflexiones para entender lo sucedido. Haría falta mucho tiempo y quizás jamás sería suficiente, para descartar sospechas, ofensas pretendidas. Dos adultos frente a frente, dos seres que compartieran vida, sentimientos profundos y respeto. Todo se había diluido como diluidas estaban las pruebas que ella borrara, porque nunca imaginó que aquellos mensajes telefónicos podrían convertirse en testimonios que salvaran convivencias. La duda generaba desconfianza, lo compartido durante años de entrega sincera, nada valía. La duda primaba por sobre lo vivido. Bastaba una delgada cajuela luminosa, que en apariencia concertaba a unos ...

Arrebato

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  Estío. Agobia los sentidos. El vendaval empujaba nubes plomizas hacia el sudeste. Las aguas golpeaban acantilados y retrocedían con igual furia. La llovizna salada humedecía su rostro, la saboreaba en los labios. Se hallaba frente al furor que embestía y no mermaba su empeño. Poco antes deambulaba a lo largo de la playa, arrastraba la arena con los pies desnudos. El sol aparecía y desaparecía entre nubarrones. La conmovió el vuelo de la gaviota solitaria al igual que ella. El graznido ahogó el grito que nacía de su garganta. Se detuvo delante del peñasco, uno de los tantos desprendidos desde las alturas. El fragor subyugaba; contemplaba con temor atávico la invasión marina. La naturaleza bravía imponía sus designios. La tempestad interior a la que se hallaba sujeta, no tardaría en alcanzarla. Estaba dispuesta a recibirla, a dejar que la golpeara, así como las olas golpeaban las piedras. Necesitaba permitir que el torbellino la arrollara; amainaría cuando sus propios vientos d...

Ventanas

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  Dibujaba ventanas. Atraído, conducido a través de ellas a espacios ilimitados, los atrapaba sobre lienzos blancos. Abiertas, los vientos helados rozaban su rostro, las manos, el pincel, la respiración ávida. Detenido frente a la infinitud, rescataba horizontes. Cerró los cristales, descorrió los visillos. Las sierras aproximaban restos de amaneceres prehistóricos; ocres desvaídos de hierbas secas y algunos manojos de verdes sobrevivientes de heladas madrugadoras. Aleteaban en medio de la naturaleza agónica. Invierno adelantado. Ventanas ajenas; cristales velados negaban visiones. Casas de paredes desteñidas y puertas cerradas. La fantasía alborotaba horas. Dibujaba ventanas. Las que descubrían el vacío de los días inútiles; esas, a las que evadiera momento a momento. Ahora el ayer no existía. El futuro profetizaba bienes. Los ensueños devoraban impaciencias.   Dibujaba ventanas.