Pueril Irrealidad
La tarde envuelta en el silencio supera poesías.
El niño se detiene a la orilla del arroyo; los pies desnudos remueven el agua fría. El sol ondea sobre la superficie.
Sin apuro se dirige hacia el puente que un par de metros más adelante une orillas. Su cuerpo magro, moreno, se extiende sobre los tablones rodeados de juncos. Detrás de los párpados cerrados, construye magias que aligeran su corazón. Naves piratas navegan alertas hacia puertos lejanos. En tierra firme los aguardan ejércitos bravíos con los que deberán luchar, blandir espadas; él será quien los guíe al triunfo, el valiente capitán que vencerá batallas, liberará pueblos.
La modorra lo acuna, lo vence, no le permite gozar de la victoria.
Entre sueños, escucha su nombre gritado; parpadea. No quiere moverse, no quiere despertar, volver a la casa. Los gritos se repiten. Sobresaltado, enojado, poco a poco reabre los ojos, vuelve a cerrarlos. El sol lastima.
Los reclamos de su madre continúan, no cesa de llamarlo. Habrá de volver aunque no quiera, habrá de obedecer. En ese lugar donde viven, sobra pobreza. Sus hermanos y las griterías, no lo dejan construir sueños.
Desde el puente, donde se halla tendido, alcanza a ver la casucha y a su madre en la puerta. Irritado, quejoso, murmura palabras que ni él mismo entiende.
A medida que se acerca a la casa, el esfuerzo y el deseo de escapar, aumenta en él. Bien sabe que no lo hará; responderá al llamado, regresará a la casa. Comerá ese menjunje que no le gusta y el hambre dejará de exigir.
Lo consuelan las imágenes del puerto al que un día llegará encaramado a las ilusiones.
Esa noche, cuando apoye la cabeza en el camastro y todos duerman, el río entonará canciones que atraerán las imágenes creadas por su mente soñadora, recuperará la nave pirata y los hombres lo seguirán con valentía.
Él será quien desee ser; blandirá espadas.

Que hermoso relato! Tan real, pero tan lleno de esperanza
ResponderBorrarGracias Elena, eso quiero, sembrar esperanzas. Nelly Perrotta
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