Flores Antiguo
A veces me pregunto quién se llevó mi corazón.
Variados fueron mis andares, las personas y lugares que inspiraron en mí, nostalgias y esos recuerdos que remedan cencerros en el alma. Vuelvo a oír hoy su tañido y como nunca, repito la pregunta que acaso no halle respuesta.
¿Quién se llevó mi corazón?
Quizás la ronda infantil, la de la bella farolera o la calesita colorida que giraba, giraba y la sortija que nunca atrapaba aunque me empeñara en lograrlo. Tal vez aquel dibujo que la maestra de sexto grado me apremiaba a entregar, para ser presentado en el concurso internacional que gratificaría talentos infantiles y del cual nunca tuve noticias, ni en bien ni en mal.
Tal vez los sitios por donde me condujeron las manos de mis padres andarines, las vivencias que los consagraron y dejaron huellas; lugares y afectos que debí abandonar porque así lo exigían, además, las circunstancias familiares.
La adolescencia tuvo lo suyo; florecía inquieta en mis horas cuando hubo que renunciar para siempre a la vieja y querida casona de Flores antiguo, la que guardó mis risas, mis llantos, la mirada sorprendida que veía crecer los dedos de mis manos, y las faldas cada vez más cortas que no alcanzaban a cubrir las rodillas.
Ningún sortilegio fue mayor en el tiempo que el ejercido por las calles limpias, arboladas desde que memoria tuve, las de ese Flores que permaneció más allá del ser o no ser que mi existencia aseguró.
Por qué no suponer también, que mi corazón se quedara junto a aquel aprendiz de Romeo que estrenaba galanteos en mi oído, detrás de una de las columnas que sostenían la galería del patio de la escuela, cuando la primaria llegaba a su fin y con ella se escapaba la niñez.
No descartaría los desencantos venideros, las caricias fallidas y diálogos juveniles, que nada aclaraban. Aprendí a sostener la vida que no se detenía.
Más tarde, mucho más tarde, asomaría el vacío provocado por la adultez. Los afectos familiares remontados uno a uno hacia moradas desconocidas.
No desecharía los senderos inhóspitos que los días cincelaran y luego deshicieran. Ni siquiera excluiría las horas felices, los bienes abrazados, los deseos cumplidos. Fracasos y triunfos peregrinaron momentos.
¿Qué o quién se llevó mi corazón?
Algo de cada quien, un poco de cada que…

Muy hermoso relato de infancia. Cris
ResponderBorrarTal cual,algo de cada quien, un poco de cada que...
ResponderBorrarGracias queridísima Cris, Abrazote. Nelly
ResponderBorrarAsí es!--- Abrazo. Nelly
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