Momento a momento
nos rodean
montañas de indiferencia.
No es sencillo hallar
la comprensiva mirada,
la mano que estrecha
otra mano.
La mano que conforta.
No es sencillo abrazar
sin un por qué,
donar calor en el abrazo.
Contener a quien
contenido quiera ser.
No es sencillo ver pasar
la indiferencia, el apuro,
el no me importa,
el no existes.
Y existir deseo,
no para señalar que existo
sino para existir
en palabras dichas, oídas,
frente a frente.
Existir en la tibieza
de la piel que restablece
el tacto.
Nada vale existir
si existir es vivir atrapados
por cristalinas,
engañosas luces,
reemplazando la viva presencia.
Existiendo soy.
Existiendo doy.
Existiendo venzo la indiferencia.
Alcanzo el don maravilloso,
entera existencia.
Nocturnal
Deslumbrante espesura. Follaje vigoroso corona arcaicos troncos; raíces afincadas en bosques milenarios. Luces, sombras, fuego, piedras. Cruje la hojarasca. Mágico encuentro donde la magia es sueño y el sueño es resplandor. Agitadas criaturas rodean la lumbre, cánticos entrelazan gargantas, cuerpos festivos, corazones palpitantes callan y danzan, danzan y callan, atraen vehemencias. Retumban ecos de tambores cercanos, responden ecos distantes. La tierra toda es esencia, es música. Espectros danzarines atraviesan sones, movilizan manos mágicas, risas cristalinas. Innúmeros diamantes destellan en los ojos rientes. La hoguera estalla, chispas multicolores envían señales. La coreografía desata ocultos secretos, descubre hechizos, acecha al nigromante, abraza a la hechicera. No es esta noche de oscuridades, no lo es. Duendes retozones, hadas de largos cabellos transparentes, enanos recios, elfos de señoria...

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