Anochece.
Rojiza inmensidad
envuelta en grises humaradas.
Constante desaparece
detrás de ondulantes titanes.
Va en busca
de lejanos amaneceres
Perfecto ciclo universal.
Añade sombras
sobre ocultas riberas.
Alcanza tenaz luz
hacia determinada vera.
Señor de oscuridades.
Señor de la luz.
Su brillo enceguece
distantes auroras.
Su ausencia desvanece
remotas riberas.
Señor de la vida,
de lo inalcanzable.
Nocturnal
Deslumbrante espesura. Follaje vigoroso corona arcaicos troncos; raíces afincadas en bosques milenarios. Luces, sombras, fuego, piedras. Cruje la hojarasca. Mágico encuentro donde la magia es sueño y el sueño es resplandor. Agitadas criaturas rodean la lumbre, cánticos entrelazan gargantas, cuerpos festivos, corazones palpitantes callan y danzan, danzan y callan, atraen vehemencias. Retumban ecos de tambores cercanos, responden ecos distantes. La tierra toda es esencia, es música. Espectros danzarines atraviesan sones, movilizan manos mágicas, risas cristalinas. Innúmeros diamantes destellan en los ojos rientes. La hoguera estalla, chispas multicolores envían señales. La coreografía desata ocultos secretos, descubre hechizos, acecha al nigromante, abraza a la hechicera. No es esta noche de oscuridades, no lo es. Duendes retozones, hadas de largos cabellos transparentes, enanos recios, elfos de señoria...

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