El sol dora
el dilatado ramaje
del vetusto jacarandá.
Ancho tronco,
revela vigor
trascendental.
Pequeños, alados
habitantes,
sobrevuelan todavía
en las breves,
cálidas horas,
juguetean entre el follaje.
Alegran la siesta,
irrumpen cánticos
límpidos.
Anticipan utopías
primaverales.
El cercano invierno
obligará a postergarlas.
Empero, esta soleada
tarde otoñal,
hará posible milagros.
Nocturnal
Deslumbrante espesura. Follaje vigoroso corona arcaicos troncos; raíces afincadas en bosques milenarios. Luces, sombras, fuego, piedras. Cruje la hojarasca. Mágico encuentro donde la magia es sueño y el sueño es resplandor. Agitadas criaturas rodean la lumbre, cánticos entrelazan gargantas, cuerpos festivos, corazones palpitantes callan y danzan, danzan y callan, atraen vehemencias. Retumban ecos de tambores cercanos, responden ecos distantes. La tierra toda es esencia, es música. Espectros danzarines atraviesan sones, movilizan manos mágicas, risas cristalinas. Innúmeros diamantes destellan en los ojos rientes. La hoguera estalla, chispas multicolores envían señales. La coreografía desata ocultos secretos, descubre hechizos, acecha al nigromante, abraza a la hechicera. No es esta noche de oscuridades, no lo es. Duendes retozones, hadas de largos cabellos transparentes, enanos recios, elfos de señoria...

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