Encuentro
Hoy era un día especial. El bienestar para él era un deseo cumplido; concreto e irrefutable. Deambulaba por la alameda. El aire claro del amanecer penetraba en cada partícula de su cuerpo, bebía su esencia. Los rayos dorados cruzaban ramas despojadas. Él había hallado la paz, había vencido a la soledad. Celebraba el encuentro consigo mismo. Cada rincón de la arboleda le daba la bienvenida. No lo vio hasta que atisbó su fina cola estremecida. Las patitas trotaban sobre la hojarasca, huía en dirección a campo abierto. Sonrió. Algo en él le inspiraba ternura. Lo llamó con la mansedumbre del que desea ser correspondido, insistía sereno, el tono de sus palabras adquiría matices tiernos. Logró detenerlo. Las orejillas temblaron, desconfiado giró la cabeza diminuta, los ojillos chispeaban. Moderó la risa, no quería asustarlo. Los separaban un par de metros; hubiera querido acortar distancias, fue prudente. La boca entreabierta extendía el fino hocico; quizás copiara su propio gest...