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Mostrando las entradas de diciembre, 2025

Andares

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  Voy dando tumbos, aquí y allá. Cruzo charcos. Desciendo alturas arropando fríos, desconsuelos, rebeliones. Intento destronar la aridez, elegir al sol, los sentires que relumbran, los placeres que ensanchan el alma. Mujer al fin, cedo y abrigo esperanzas.

Simplezas

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  En estos días donde todo se vive al límite de lo posible, existen aun los que caminan lento, buscan la paz que muchos desdeñan. Él había sido constante con sus sueños, con sus proyectos que abarcaban tiempos de tiempos. Vivía todavía rodeado de sus hijos que anhelaban independencia, aprendían a mover sus alas. Su mujer, una buena mujer, sumaba esfuerzos. Juntos consolidaban afectos, alguna vez cantaron poesías. Hoy desplegaban vaivenes, fluctuaban entre esperanzas e impotencias, suma de aciertos y torpezas. Se sentía conforme con el balance de sus días, aunque no del todo satisfecho. No ignoraba que en la insatisfacción residía la fuerza para seguir adelante y agregar sentido a la existencia. Él no era filósofo, ni sabio, ni líder. Era un hombre llano que aceptaba las cosas simples, los aprendizajes diarios; se movía lento. A veces, trastabillaba; tardaba en recobrarse. Las horas acumulaban pesadumbre a sus movimientos. Siempre o casi siempre recuperaba lo extraviado, c...

Desconcierto

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  Cómo y por qué sucedió, no existía el mínimo indicio que develara hechos ciertos. Sucedió. Con eso debía bastar, no bastaba. Reunidos alrededor de la mesa, desayunaban. Concentrados en la charla cotidiana, esclarecían situaciones ajenas a ellos y que ninguno de los dos tenía el poder de transformar. Lejos del peso de las obligaciones, la intimidad los guiaba. Vivían el juego instalado entre ambos que nada prometía. Ella, el monólogo innecesario. Él, escudado detrás del silencio conveniente hasta que el monosílabo desgajado en risas estalló y ocultó aún más lo que no estaba dispuesto a admitir. Entonces ella decidió callar, encerrada en el silencio buscó sus ojos, no los encontró. Aquellos que vio no eran sus ojos, ni su piel, ni su buen talante, no era él. Aquel hombre apareció de pronto. La risa torpe que escapara de su boca anticipaba indiferencia, el derrumbe. Ella reconoció sin palabras, que en su propio interior reinaba el desatino. La vida compartida durante aqu...