Ingenuo desvario
Caminaba tranquila, respiraba los aires salobres que atrapaban su sonrisa destinada al viento. La playa extensa envuelta en los sonidos del oleaje sereno. De pronto corría, de pronto se detenía atraída por el brillo de las caracolas húmedas; las rescataba de la orilla, acariciaba las hendiduras ásperas de sal y arena. Segundos después, extendía el brazo al tiempo que daba pasos precisos y con fuerza, las devolvía al abismo de donde provenían. Descubrió la figura del hombre sin edad, inmóvil frente al mar. Cauta, se acercó a él; hubiera querido continuar su carrera. Sin embargo, algo la incitaba a detenerse. El volvió la cabeza; su mirada la atravesó, no se detuvo en ella, flotaba a su alrededor, la expresión helada de sus ojos la atrajeron. Le sonrió tímida, se atrevió a saludarlo. Él, apenas, devolvió el saludo. La voz sin matices la estremeció. De pie, a corta distancia del lugar en el que el hombre parecía haberse refugiado en sí mismo, la mirada fija una vez má...